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| Queda con brillo y color estupendos |
Hoy traigo un postre que siempre me recordará a mi güelina
Jesusa. Lo hacía en una sartén vieja, de las que se le rompía el asa, pero que en su interior se podía elaborar cualquier cosa, porque las cuidaba como nadie. Siempre las dejaba engrasadas para encontrarlas a punto. Recuerdo que tenía aquella casa tan antigua y grande, con los suelos de madera y tierra, sí sí, tierra, que de tanto transitar y limpiar, brillaba como mármol. La madera la fregaba con arena de restregar la chapa de la cocina, se arrodillaba y dale que dale, para lavarla bien después con agua caliente y secarla con trapos viejos de sábana... Con su impecable moño en la cabeza cana, su piel blanca y fina y su cara bonachona... De esas personas que se van para no desaparecer nunca.
El flan se preparaba para los festejos y nos gustaba y nos ilusionaba muchísimo.
Ella también ocupa su
estrella... En su
memoria dejo la receta.