Un texto de Aurelio González Ovies:
mio madre
Mio madre nun sabía idiomes pero yera tan mimosa... dicíame que con enfotu pues algamar cualquier cosa. Mio madre nun sabía idiomes pero falaba a les freses, facía ensalada rusa y mil tortielles franceses. Mio madre nun sabía idiomes pues pisó poques escueles, ¡y facía un caldu gallego y unes coles de Bruseles...! Mio madre nun sabía idiomes, yera una madre estupenda, facía arroz a la cubana con salsa a la boloñesa. ...Primeros versos del poemario Mio madre, de Aurelio González Ovies, editado por Pintar -Pintar, abril 2010 (Edición en asturiano)
sábado, 2 de mayo de 2015
TARTA DE QUESO SIN HORNO, de los 70 y muy fácil
Un texto de Aurelio González Ovies:
sábado, 11 de abril de 2015
CONEJO AL WHISKY
Hoy una receta que hacía mi madre muy a menudo. Muy fácil, como podréis comprobar. En nuestra infancia, al igual que en la de muchos de nuestra época, los conejos formaban parte de aquella pequeña hacienda familiar, junto con las gallinas y el pavo que se reservaba para las navidades. Ella les sacaba mucho partido tanto a los unos como a las otras, con el fin de que nos agradaran al gusto y a la vista. El conejo, después de tenerlo serenando una o dos noches, lo troceaba y con las partes menudas preparaba "pataquines" con conejo, que en otra ocasión publicaré. Con las patas y la zona del costado, nos guisaba lo que os propongo en esta receta. Recuerdo aquellos domingos compartiendo mesa, risas y conversación, con nuestros amigos de Gijón, Ana y César y sus hijos. Les gustaba mucho este plato que, ya veréis, no os supondrá complicación alguna. Espero que lo encontréis sabroso.
Un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España:
EL DÍA DE MADRINA
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| http://conlaluzdemicocina.blogspot.com.es/2012/04/bollo-de-pascua-con-pitinos-2012_07.html, Bollo 2015 |
El domingo bajamos a bendecir los ramos. Estaba la iglesia abarrotada. Hacía
sol y pudimos bendecirlo a la entrada. No me gusta ir a misa. Mi madre no
volvió desde aquel día en que por ir a una novena con mi hermana y conmigo,
nos caímos los tres donde casa Orfelina. Dimos con la cabeza en el asfalto.
Nos salió un gran chinchón y mi madre sangraba. Dice que si es así como Dios
lo agradece, que prefiere rezar ella sola, a su modo, o a la noche, en la cama.
Estrené un pantalón que me hizo Norina y sandalias de cuero que heredé de
mi primo. Bueno, no eran nuevas del todo, pero con el betún y el brillo sacado y
la hebilla cosida, como recién compradas.
Huele a entierro la tarde y a rosario. Está todo cerrado. Ni siquiera en la tienda
podemos comprar nada. No funciona la radio y en la tele no ponen ni noticias ni
series. Está todo de luto. La iglesia medio a oscuras me da miedo. Me dan
miedo los cirios y el incienso. Y el rosario que sisean, sin cesar, en sus
reclinatorios, las beatas. Me asustan los sermones y los púlpitos. Y el dolor tan
inmenso que expresan las imágenes. Y no quiero matar a nadie con carracas.
Me dan pavor esas sotanas malva y esos ritos. Y esos encapuchados que van
de procesión en procesión. Y tantas oraciones de amargura y de escarnio. Y
hasta Jesús tapado con la manta morada.
En todas las familias hay como más silencio y no discuten tanto los hombres en
los bares porque no sirven cosas de las que emborrachan. Al menos eso dicen.
Y es lo mejor que tienen estas fiestas tan tristes: no madrugar y no acudir a
escuela. Aunque todos los viernes nos den para comer bacalao desalado con
garbanzos, por vigilia de Pascua.
Lo bueno es que el domingo (cuánto tarda en llegar y luego cuando llega qué
rápido se acaba) vendrá madrina a verme. Me traerá un bizcocho, mantecado,
de pisos, con virutas de dulce y cubierto de escarcha. El del año pasado era
grande y sabroso. Con un castillo encima, de chocolate blanco. Y unas plumas
azules clavadas en la almena. Y merengue en los bordes y frutas confitadas.
Sabía a gloria. Yo creo que me encarga el mejor y el más grande, el más alto
del mundo, de Avilés, de Galiana. Este invierno no hubo ni ocle, ni muchos
caracoles. Pero yo, cuando puedo, también le compro a ella, en Casa de
Pacita, un jabón y un pañuelo y agua de lavanda.
© Aurelio González Ovies
(La Nueva España, 02-04-2015)
viernes, 27 de marzo de 2015
MARAÑUELAS DE SAGRARIO, de La Piñera, Santiago de Ambiedes
Preparadas por Sagrario, anciana entrañable del barrio de La Piñera, Santiago de Ambiedes, Gozón.
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A veces la casualidad hace que conozcamos a personas entrañables. Y en unos de esos momentos inesperados conocí a Sagrario. Me encontraba preparando las marañuelas de Manzaneda y me dijo que ella también hacía unas muy ricas. Comentó que cuando las hiciese, para Pascua, me mandaría la prueba. Y así lo hizo. Nos gustaron mucho y le estoy enormemente agradecida a Sagrario. Con su permiso publico la receta. El paso a paso es una composición de las diferentes marañuelas que tengo publicadas, para orientar si os apetece hacerlas. Son muy parecidas a las de Avilés. Espero que os gusten.
| Muy ricas. Estimada Sagrario, que tengas mucha salud y sigas preparándolas muchos años. |
¿POR QUÉ, DE QUIÉN Y QUÉ?
| DOLOR POR EL ACCIDENTE AÉREO |
¿Cómo podría yo colaborar un poco con este pobre mundo? ¿Desde qué
reglamento de palabras o signos actuar con acierto y efectividad? ¿Qué se
necesita para abrir los ojos y estimar el radio de errores tan graves, de falacias
tan grandes? ¿Por qué es posible hoy que aquellos que elaboran las guerras y
atropellos desde sus palacetes desfilen tras los ídolos suplicando la paz? ¿Por
qué tantísimo oro y mármol repulido en sus aposentos? ¿Para qué los sellos en
sus dedos grasos? ¿Por qué el privilegio, siendo tan inicuos, de postizas
prédicas? ¿Por qué el mayorazgo y la potestad para perdonar?
¿De quién será la culpa de que nada nos sea lo que habría de ser? ¿Quién
hurtará a los entes su propia identidad? ¿Quién vedará al entorno sus lógicas
secuencias? ¿A quién achacar el delito de que se pudran castas, comidas por
las moscas, la hambruna y la flaqueza; a quién que se consuman seres –allá a
lo lejos–, seres –aquí bien cerca–, sobre la indiferencia, mientras yo me
atiborro o tú tiras el pan? ¿A quién incumbe y ceba tamaño desajuste? ¿Qué
usura se encubre tras estos compromisos, furtivos y silentes, entre excelsitudes
y sus abusadores? ¿Dónde estarán los límites entre burla y ley, entre argucia y
verdad?
¿Quién proyecta el viento y sus leguas frecuentes; quién acota las playas y los
acantilados y coloca alambradas en su escarpada faz? ¿Por qué no hemos
sabido ser libres como el pájaro, que, de momento, aún transita el aire y vuela?
¿Para qué tantas hormas y tantas divisorias? ¿Quién demarca la ruta de los
barcos; quién las olas que surcan cada mar? ¿Cuántos caciques sobran en
cada dependencia? ¿Cuánta atención de menos? ¿Cuántos puestos de más?
¿Quién programa el futuro? ¿Quién obedece tanto a la ignorancia suma?
¿Quién nos aísla así? ¿Hacia dónde nos llevan? ¿Hacia qué ceguedad?
¿Hacia qué cerrazón nos conducen y abocan? ¿Por qué nos empeñamos en
ser todos lo mismo, en trepar y crecer, en subir y pisar? ¿Quién nos ha
aleccionado? ¿En qué seremos sabios o cautos o resueltos? ¿Quién tallará
mañana la madera que quede? ¿Quién sabrá predecir la lluvia y el relámpago?
¿Quién recoger los frutos del manzano y la espiga? ¿Quién distinguir la flor del
cardo y del rosal? ¿Acaso volveremos a ser como reptiles? Quiero decir:
¿quizá caeremos siempre tan bajos y arrastrados? ¿Es ese nuestro sino?
¿Apocarse y seguir? ¿Asumir y callar?
(La Nueva España, 18-03-2015) sábado, 14 de marzo de 2015
BOLLINES DE OLIVA CANTARINES
La receta de hoy llegó a mis manos casualmente y gracias a Lourdes. Son unas 'bollinas' de aldea que hace su cuñada Oliva. Las preparé con natas de leche fresca, como la receta original, pero Lourdes las hace con nata comercializada, que es más asequible. También añadí un poco de sal y el rallo de limón. Os aseguro que están muy, muy ricas. Flotan al freír y no quedan nada aceitosas. Un auténtico lujo, garantizan una merienda o un buen desayuno de fin de semana.
Desde aquí, las gracias a Oliva, y decirle que es un honor poder contar con ella en este humilde blog.
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| Oliva Fernández, 'Cantarines', y José Luis Alonso, 'Tenislao', con la presidenta de El Pico, Esther García HOMENAJEADOS. Imagen de el Comercio. |
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Os dejo un texto publicado recientemente en La Nueva España
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| Bañugues. Fotografía de mi amiga Nieves, del blog, Dulce y salado |
TODO EN SU SITIO, A. G. Ovies
Quién le diera a mi tierra lo que hubo en otro
tiempo. Suelos fértilesy amplios, sembrados por doquier. Maizales garbosos bajo
el calor de agosto, patatales extensos como el hambre de ahora, prados llenos
de gente con bálagos y carros y alegres cantinelas y hombres animosos y empuje
de mujer. Y meriendas campestres, después de la fatiga, con queso y dulce y pan
y tortillas jugosas y leche presa y miel. Quién le diera de nuevo la riqueza
robada: el ganado paciente, cuadras muy fructuosas, caserías boyantes, castaños
y robledos, pomaradas que olían a la palabra ayer. Casas propias, futuro, familias
numerosas con trabajo y abuelos y padres y allegados y una sencilla mesa que te
invite a comer.
Quién pudiera poblar de sabios pescadores sus playas
y sus costas –Ángel, Servando, Lolo, Falín, Honorio, Arturo, José Antonio,
Avelino, Quico el Pinto, Gabriel…–; quién cubrirlas de lanchas y aparejos y
faros, de boyas y de redes y hacerla ser de oro como un día lo fue. Esparcir su
abundancia por todos los concejos, recuperar caminos, renovar sus condados, injertar
su linaje, reconstruir sus ruinas, renombrar sus palacios, amasar su prosapia y
ponerlos en pie. Quién le restableciera sus montes recortados, sus riberas
raídas, sus predios afligidos, su paisaje impecable, desgastado de tanto
–gratuitamente en falso–, ceder y conceder.
Quién le diera sus alas y su soberanía y su
lengua de siempre, la que hablaron los nuestros, y su abolengo excelso y su
razón de ser. Quién avistara tanta magnitud y hermosura. Y advirtiera de pronto
sus vegas florecidas y sus arroyos húmedos, sus aldeas vivaces, encaladas y
sanas, con estiércol que ahumara frente a las antojanas y gallos que informaran
de cada amanecer. Con quintanas, paneras, ristras de suficiencia, tendales
esplendentes, filas y alegres corros en los patios de escuela, corros y multitudes
en romerías y en fiestas con pólvora y charangas, con ídolos y ramos, con ropa
nueva y fe.
Y que todo estuviera en su sitio, el de
entonces; el que merece aún esta región honesta: los mayores al mando, con su
edad y conciencia. La calma en la rutina, el horizonte enfrente, las estrellas
en lo alto, el agua ante la sed. Que todo mantuviera su entidad y su esencia;
que todo conservara su exactitud, su trino, su apariencia y verdad: la montaña
y el río, el helecho y la malva, el jilguero y la noche, el árbol y el apego,
la franqueza y el bien.
domingo, 22 de febrero de 2015
VERDINES CON MARISCO
'Otru platín' con un toque marinero. Se puede preparar con fabes de la granja, las clásicas de la fabada asturiana. Este tipo de fabes por nuestra zona ni se conoce ni se cultiva mucho de momento, pero en los últimos años son muy populares en nuestra gastronomía. Hay que innovar que es lo mismo que experimentar: es como se aprende. Gracias a mi amiga Tere, que nos las regaló. Van por ella y los suyos.
Un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España
PUESTA AL DÍA, A. G. Ovies
Carta a los padres ausentes
Padres míos: aquí no cambia
nada, más que la luz del mar, la noche, el clima, el cielo o el mes o la
semana. Está un poco peor que cuando os marchasteis, por mucho que nos digan
que vamos hacia arriba, levantando cabeza, subiendo en estadísticas, superando
barreras. Es todo una patraña. Es todo una mentira disfrazada de azúcar como
cuando a los niños los complacen y arrullan con un cuento de hadas. Es una
argucia, todo. Porque nadie está a gusto con cómo nos dirigen. Nadie está
satisfecho ni de su día a día ni de su porvenir ni de cuanto le timan con
impuestos, recibos, diezmos y otras metáforas. Nadie encuentra salida a los
muchos problemas que invaden cada hogar ni a las muchas angustias con las que
dan de frente tan pronto se despiertan, nada más se levantan.
Aquí no cambia nada. Siguen
las calles llenas de indigentes que piden para un pan, una sopa. Y por
cualquier esquina suplicantes que escriben su penuria en cartones o en un trozo
de sábana. Siguen durmiendo cientos de miles de personas en cajeros y en
parques sin más abrigo encima que el rocío que baja a lavar las mañanas. Siguen
los niños huérfanos apilados en centros y los que los desean impedidos por
trámites y lucro y burocracias. Y sigue habiendo hambre, cuando afirman que somos
más ricos cada año. Y sigue la miseria produciendo patronos. Y siguen los
conflictos. Y siguen las matanzas.
No hay más que desazón en
muchos corazones, desahucios y embargos, opresión y amargura, negativas y
alarmas. No hay más que poderosos que se apropian del bien ajeno y limpio. No
hay más que iniquidad por parte de los que, igual que hacen la ley, manipulan
la trampa. Y despidos y quiebras, falaces reajustes, balances trastocados. Y
cada vez más jóvenes se van a otros países a infravalorarse. Y cada vez más
débiles recalan en las playas.
Aquí no cambió nada.
Continúa el obrero escalando el andamio. Y los desatendidos persistiendo en su
lucha. Y los abusadores engrosando su saca. Permanece el enfermo en su lista de
espera. Y algunos inocentes en la celda que ocupan en nombre de los tantos que
nos hunden y estafan. Es todo lo que existe, tal como lo dejasteis. Tan solo
brota, ahora, prematuro, el saúco. Y las tardes ya empiezan a oler a primavera;
y aunque llueva y la nieve persevere en las cumbres, son un poco más largas.

lunes, 2 de febrero de 2015
FIDEOS CON MARISCO
| ¡¡¡FELICES FIESTAS DEL SOCORRO!!! |
Con ese propósito os dejo estos fideos con marisco, para que los preparéis sin dificultad alguna y comprobéis qué llenos de sabor. A nuestro padre le encantaban los fideos con "cualquier cosa"... Con marisco, muy ricos. A ver si os gustan, si bien, en Luanco, las cocinas olerán a rica e inigualable caldeada.
Un texto de A. G. Ovies, a nuestro padre, marinero de tierra, enamorado de la mar y los pedreos...
A mi padre, in memoriam
Llegó la hora. Para un final, cada día es temprano. Pero se acabó el tiempo de contemplar la mar desde tu casa y podar el saúco y hablar al horizonte. Se terminó la edad de barruntar la lluvia y la tormenta. De adivinar la ruta de los barcos. Se acabaron las noches de luna en E l Requexu. Y las limpias mañanas entre los castañedos y la húmeda quietud de Manzaneda.
Llegó la hora. Para un final, cada día es temprano. Pero se acabó el tiempo de contemplar la mar desde tu casa y podar el saúco y hablar al horizonte. Se terminó la edad de barruntar la lluvia y la tormenta. De adivinar la ruta de los barcos. Se acabaron las noches de luna en E l Requexu. Y las limpias mañanas entre los castañedos y la húmeda quietud de Manzaneda.
No habrá más ocasión de recorrer, en vida, las costas ni los montes. Ni de otear el cabo, la rampa, ni el pedrero. Ni de prever bonanza ni resaca. Ni los bancos plateados de peces que cruzaban las tardes del verano y de la primavera. Se terminó tu estancia inesperadamente.Te llamaron, de pronto. Sin duda fue tu Luz, que ya tendrá dispuesto el cielo que os toca y ya habrá abrillantado el cerco de tu estrella.
Llega ahora el encuentro con la nada habitual y los espacios huérfanos y los jerséis dolidos en los armarios pálidos y las sillas desiertas. Ahora, la realidad punzante de la muerte, la ausencia que desprenden sus años posteriores. Y el silencio forzoso de todo tu utillaje y tus perros de caza y tus cañas de pesca. Llega la soledad con sus formas escuálidas, con su separación definitiva. Y la aflicción y el vértigo. Inexorablemente, llegan.
Te llamarán de tarde en tarde las gaviotas que anidan, al norte de tu norte, en La Gaviera. Y encallará en Llumeres otro vacío nuevo, otra distancia más junto al muelle gastado, junto al camino hendido, junto a las lanchas yertas. Te recordaré siempre, los domingos, temprano, con tu ropa de aguas y tu pelo ya blanco.
Te recordaré siempre, detrás de mí, agarrándome, enseñándome a andar en bicicleta. Te recordaré siempre conduciendo el camión, con litera y con claxon y almanaque, en el que me llevabas a aquellos viajes largos por largas carreteras.
Descansa en paz. No te faltó de nada. Eso es lo más grandioso que un ser humano otea al despedirse. Jamás te negaríamos aquello que pidieras. Unas manos queridas te labraron un reino de calor y cariño, de cuidado y de gozo, de respeto y de amparo. Es lo más hermoso que un alma puede ansiar, aquí, en la tierra.
Descansa en paz y elévate a los altos dominios. Vete en busca de ella. Y bendecidnos siempre, protegednos a todos desde el eterno azul, sangre de nuestra sangre. ¡Qué expatriación se siente! ¡Qué desarraigo queda!
© Aurelio González
Llega ahora el encuentro con la nada habitual y los espacios huérfanos y los jerséis dolidos en los armarios pálidos y las sillas desiertas. Ahora, la realidad punzante de la muerte, la ausencia que desprenden sus años posteriores. Y el silencio forzoso de todo tu utillaje y tus perros de caza y tus cañas de pesca. Llega la soledad con sus formas escuálidas, con su separación definitiva. Y la aflicción y el vértigo. Inexorablemente, llegan.
Te llamarán de tarde en tarde las gaviotas que anidan, al norte de tu norte, en La Gaviera. Y encallará en Llumeres otro vacío nuevo, otra distancia más junto al muelle gastado, junto al camino hendido, junto a las lanchas yertas. Te recordaré siempre, los domingos, temprano, con tu ropa de aguas y tu pelo ya blanco.
Te recordaré siempre, detrás de mí, agarrándome, enseñándome a andar en bicicleta. Te recordaré siempre conduciendo el camión, con litera y con claxon y almanaque, en el que me llevabas a aquellos viajes largos por largas carreteras.
Descansa en paz. No te faltó de nada. Eso es lo más grandioso que un ser humano otea al despedirse. Jamás te negaríamos aquello que pidieras. Unas manos queridas te labraron un reino de calor y cariño, de cuidado y de gozo, de respeto y de amparo. Es lo más hermoso que un alma puede ansiar, aquí, en la tierra.
Descansa en paz y elévate a los altos dominios. Vete en busca de ella. Y bendecidnos siempre, protegednos a todos desde el eterno azul, sangre de nuestra sangre. ¡Qué expatriación se siente! ¡Qué desarraigo queda!
© Aurelio González
martes, 20 de enero de 2015
MASA FRITA: TERESICAS CON MEMBRILLO, fácil
| El relleno, a vuestro gusto. |
| La masa queda muy fina y hojaldrada |
.
Un texto de A. G. Ovies publicado en La Nueva España
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| Palanca de yerba n´Asturies. Foto: Orgullosos de ser Bañugueros. |
La escasez en mitad de la abundancia
Aurelio González Ovies
Dicen que crece el hambre y sé que no es mentira, pero en mi tierra están las frutas caídas por el suelo. Y los huertos callados y olvidados sus lindes y abatidos sus muros. Nadie baja al otoño con cestos deseosos de bayas y sabores. Nadie prueba el almíbar de cada primavera ni recolecta el bien de sus libres arbustos. Tan sólo la alimaña se regocija y nutre del festín opulento de la naturaleza. Apenas los más jóvenes conocen las espinas del erizo ni han probado la carne de los escaramujos. De pronto hemos pasado de la nada al exceso. Y ya no recordamos la humildad de las uvas ni el tacto del membrillo ni el fragor del saúco de acostumbrarnos tanto a fingidos productos.
Dicen que hay hambre y sé que eso es muy cierto. Aquí, en cualquier calle, muy cerca de nosotros. Mas en cualquier paraje se pudren las ciruelas al borde del camino y las tiernas castañas y los piescos maduros. No apetecen a nadie las manzanas ni el higo ni las moras ni el apio ni el orégano tímido que perfuma el verano. Nadie mira las nueces ni recoge las guindas. Nadie aprecia el arándano ni el fértil avellano ni los solos madroños ni el rubor de los prunos. En mi región parece que nos sobra de todo o que aquello que abunda se desecha o se tira; y es más fácil comprarlo adulterado y falso. Y pisamos bellotas y añoramos su harina, descastamos el fuego y pagamos por humo.
Dicen que terminamos con todo lo que existe. Que es el sino del hombre. Que su instinto es así. Porque apenas cuidamos lo mucho que perdura con su verdad de siempre, con su paciencia inmune. Y me extraña que aún se prenda la luciérnaga. Y que sigan los cuervos con su vuelo de luto. Me admira que madruguen las ardillas y el Sol y que canten contentos el raitán y el cuclillo o que ahueque la noche la insistencia del búho. Me asombra que nos amen el perro y el caballo y todavía nos cedan su lana las ovejas y que no hayan cansado las aspas de la brisa ni se hayan obstruido las arterias del mundo. Me sorprende que el cielo no se haya desplomado o que la mar permita que profanemos más sus túneles cobalto. Me desconcierta el hombre, a veces, con sus poses. Porque dicen que hay hambre, pero somos un péndulo entre miseria y lujo.
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