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| Seguro que nos presta un poco de mermelada con una tostadina. |
No pongo el paso a paso, es simplemente cocer y triturar. Lo que si os aconsejo es dejarla cocer bien antes de triturar, si quedase blandina y quisiésemos que espesase, al ponerla de nuevo al fuego ya triturada, salta mucho y mancha bastante, además de que nos puede quemar al salpicar.
Mermelada de melocotón
Mermelada de mora
Mermelada de piescu
Mermelada de ciruela roja
Mermelada de ciruela amarilla
Mermelada de fresas
Espero que os presten y os animéis a preparar alguna.
Os dejo otro texto poético de A. G. Ovies
INDICIOS DE VERANO
Evocaciones de la llegada de la estación estival
La fragancia fresca de las viejas rosas. Un rumor de abejas al fondo de mayo. Clavelinas dóciles en unas macetas. Esbeltos gitanos que extienden sus carpas. Los nidos de araña entre los sanjuanes. Los niños que juegan cerca del ocaso. El verdor que duele como verdad viva. El hombre tranquilo que encala su casa. La sombra afectuosa de la higuera fiel. El ropaje nuevo de un espantapájaros. La mañana llena de luz y jilgueros. La temprana música de una romería. El olor tendido de toallas de playa. Nubes de tormenta que llegan de pronto. La tarde que añora la siega en los prados.
La perfección púrpura que hay en las cerezas. Las niñas contentas que estrenan sandalias. La voz del anís, saludable y honda. El sol poderoso, cada día más alto. La explosión de aroma a flor de saúco. La sangre silvestre que filtra en las fresas. La soledad seca de las pomaradas. La hilera de hormigas que cruza el camino. La loma reciente de los hormigueros. La ilusión callada de los avellanos. Endebles gramíneas que bordean el tiempo. Los arvejos raudos que trepan las varas.
Brillantes lagartos que asoman medrosos. La piel que mudamos al perder la infancia. El arrullo ronco que un palomo emite. La calma enroscada en que duerme el gato. Los frutos que crecen milagrosamente. La lenta mirada que observo en las vacas. El abrevadero rebosante y limpio. Los últimos pétalos que caen del manzano. Mariposas leves que tantean el mundo. Caminos vacíos que van hasta el nunca. Pescadores quietos que velan sus cañas. Las pegas que riñen mientras van volando. Los adolescentes, sus besos que urgen. Las familias pálidas que comen al aire. El bullicio que abre y cierra el domingo. La cometa inhábil que asciende y se engancha. Estelas de aviones que jamás retornan. El furgón que vende bebidas y helados.
El resol doliente con que muere el día. La mujer que riega su huerto y sus plantas. El perro rendido que se echa y bosteza. La iglesia en que apenas se reza un rosario. Calor que refleja en las carreteras. Extensos espinos que aroman las horas. Abuelas que allegan las contraventanas. La límpida luna que late en las olas. Nerviosas libélulas al sur de los juncos. Petunias que brotan entre los geranios. El llantén que brota del caído muro. Sombrillas y toldos que ocultan el mar. Espacios que saben a niñez y a playa.
La fragancia fresca de las viejas rosas. Un rumor de abejas al fondo de mayo. Clavelinas dóciles en unas macetas. Esbeltos gitanos que extienden sus carpas. Los nidos de araña entre los sanjuanes. Los niños que juegan cerca del ocaso. El verdor que duele como verdad viva. El hombre tranquilo que encala su casa. La sombra afectuosa de la higuera fiel. El ropaje nuevo de un espantapájaros. La mañana llena de luz y jilgueros. La temprana música de una romería. El olor tendido de toallas de playa. Nubes de tormenta que llegan de pronto. La tarde que añora la siega en los prados.
La perfección púrpura que hay en las cerezas. Las niñas contentas que estrenan sandalias. La voz del anís, saludable y honda. El sol poderoso, cada día más alto. La explosión de aroma a flor de saúco. La sangre silvestre que filtra en las fresas. La soledad seca de las pomaradas. La hilera de hormigas que cruza el camino. La loma reciente de los hormigueros. La ilusión callada de los avellanos. Endebles gramíneas que bordean el tiempo. Los arvejos raudos que trepan las varas.
Brillantes lagartos que asoman medrosos. La piel que mudamos al perder la infancia. El arrullo ronco que un palomo emite. La calma enroscada en que duerme el gato. Los frutos que crecen milagrosamente. La lenta mirada que observo en las vacas. El abrevadero rebosante y limpio. Los últimos pétalos que caen del manzano. Mariposas leves que tantean el mundo. Caminos vacíos que van hasta el nunca. Pescadores quietos que velan sus cañas. Las pegas que riñen mientras van volando. Los adolescentes, sus besos que urgen. Las familias pálidas que comen al aire. El bullicio que abre y cierra el domingo. La cometa inhábil que asciende y se engancha. Estelas de aviones que jamás retornan. El furgón que vende bebidas y helados.
El resol doliente con que muere el día. La mujer que riega su huerto y sus plantas. El perro rendido que se echa y bosteza. La iglesia en que apenas se reza un rosario. Calor que refleja en las carreteras. Extensos espinos que aroman las horas. Abuelas que allegan las contraventanas. La límpida luna que late en las olas. Nerviosas libélulas al sur de los juncos. Petunias que brotan entre los geranios. El llantén que brota del caído muro. Sombrillas y toldos que ocultan el mar. Espacios que saben a niñez y a playa.
(La Nueva España, 30-05-2012)
MERMELADAS
El proceso siempre es el mismo para todas las mermeladas, la noche anterior alternamos capas de fruta con capas de azúcar en la pota donde vayamos a prepararlas. Al día siguiente la cocemos despacín removiendo de vez en cuando, hasta que tenga la consistencia que nos guste. Trituramos con la batidora, si la queremos más fina, o con el pasapurés si nos gusta más grumosa.
Ponemos los tarros y las tapas, en agua fría y los dejamos hervir 10 minutos.
A continuación llenamos con la mermelada caliente y cerramos bien las tapas. Los ponemos a hervir, con el agua que cubra los tarros, por lo menos hasta la tapa, dejándolos 20 minutos desde el comienzo. Si no quedan bien apretados unos contra otros, conviene enroscar un paño de cocina entre ellos, para que al cocer no choquen. Inmediatamente pasado el tiempo de cocción y con cuidado de poner el agua en un huequín donde no haya tarro, para que no revienten, dejamos caer agua fría, primero con poca cantidad y aumentando el chorro a medida que se va enfriando, hasta que la mermelada enfríe por completo. ES MUY IMPORTANTE ESTE PASO, SI DEJAMOS QUE SE ENFRÍEN LOS TARROS POCO A POCO DENTRO DEL AGUA CALIENTE, TODO EL PROCESO DE ESTERILIZACIÓN QUEDARÍA ANULADO.
Así se conservan más de 12 meses. Les pongo limón, hace de antioxidante.
Estos consejos nos los dio Ines, en un curso de conservas, en la Escuela Agroalimentaria de Gozón..
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| Muy dulce y sabrosa. |
- 1 kilo de melocotones, limpios de piel y semilla y picados
- 750 gramos de azúcar
- el zumo de 1 limón
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| Ideal para acompañar yogur y queso. |
- 1 kilo de moras, lavadas y bien escurridas
- 1 kilo de azúcar
- el zumo de 1 limón
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| Conserva todo el sabor de la fruta. |
- 1 kilo de piescos, pelados y sin semilla, picados
- 750 gramos de azúcar
- el zumo de 1 limón
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| Sabrosa y con un toque ácido. |
- 1 kilo de ciruelas rojas, sin semilla ni piel y partidas en dos
- 1 kilo de manzanas
- 1 kilo de azúcar
- el zumo de medio limón
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| Con el higo, deliciosa. |
- 1 kilo de ciruelas amarillas, sin piel
- 1 kilo de higos secos
- 1 kilo de azúcar
- el zumo de medio limón
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| Una de las que más me gusta. |
- 1 kilo de fresas, lavadas, quitado el tallo y bien escurridas
- 4 manzanas, peladas, y partidas en trocinos
- 750 gramos de azúcar
- el zumo de medio limón
¡¡¡Que vos aprovechen!!!









Deliciosas mermeladas y que buenas son, vaya si tienes razon ni comparacion con las compradas. Mi madre es la que las hace, tal cual como tu lo dices, en Francia tienen mucha costunbre de hacerla de cualquier fruto y ella sigue haciendolas igual. besos
ResponderEliminarmuy ricas, seguro. a mi también me gusta mucho mezclar las frutas, esas si que no las encuentras en las tiendas y están deliciosas. un abrazo y feliz verano.
ResponderEliminarVaya ricas que deben estar todas... con un poquito de requesón... estuve viendo tu leche presa y no sabes que recuerdos me trajo de cuando era pequeña en Asturias ver las saquinas colgando y luego comer el requesón con miel.... una belleza que no deberíamos olvidar, gracias por darme tan hermosos recuerdos! Besos
ResponderEliminarVaya ricura de mermeladas. me encantan todas y me dan juego para muchisimas recetas.
ResponderEliminarme quedo por aqui viendote el blog.
un saludo
La verdad es que así presentadas no sabría por cual decidirme. Hace pocos días hice junto con mi hermana de higos
ResponderEliminarBesitos
¡Qué presentación más bonita, me ha encantado! y todas las mermeladas las has hecho tu, qué lujo de bandeja. A mi me encanta hacer mermelada en casa aunque no somos muy mermeladeros (esta palabra como que no existe...) pero me gusta hacer para regalar a mis amigos que si lo son. ¡MUY RICAS!. Un beso,
ResponderEliminarwww.cocinaamiga.com
M.J. menuda coleccion de mermeladas ademas hechas de forma artesana ,yo las hago con la thermo jaja,ya sabes que es lo mio ,las hace sola y no me da pereza (vaga que es una ),bueno en serio ,tienen una pinta estupenda y las que estan mezcladas ,me parece una idea estupenda
ResponderEliminarEl poema cocmo siempre entrañable
Espero que estes pasando un buen verano ,ya me diras cuando tienes "ordenata"
besinos guapa
Tengo que animarme a hacer mermeladas caseras, porque la diferencia con las compradas es enorme... Todas las que has hecho me encantan, pero el "piescu" nunca lo había oído nombrar (aunque, con lo que me gusta el albaricoque, seguro que me encantaría).
ResponderEliminarMe apuntaré el truco de la esterilización.
Un besote, guapa.
Hola Labidú.
ResponderEliminarQué ricas! Este mosaico de mermeladas está para exponerlo. Ni te imaginas lo que me gustan las mermeladas caseras, la única pega es que dan bastante trabajo y en mi casa la hacemos por kilos y kilos y kilos, nunca se acaba. Te han quedado con un un color y un brillo espectacular.
Un saludo.
Te han quedado todas deliciosas me gustan besos
ResponderEliminarQue delicias tus mermeladas.....no sabes como me gustan las mermeladas caseras.....Abrazotes, Marcela
ResponderEliminarAnda que no conocía yo el piescu..! Ésto habrá que solucionarlo, qué rico todo, txiki!
ResponderEliminarAntes de hacer tu exquisita mermelada de naranja y zanahoria, la única que yo había hecho es la de ciruelas rojas, en casa les encanta, aprendí a hacerla en Inglaterra, allí la hacían cada semana y la comían en fresco, sin embotar y yo hago lo mismo.
Este Aurelio, ya sabemos que como poeta es insuperable, pero con la prosa tampoco se queda atrás, ay, qué bonito todo, besinos!
Me gusta como has mezclado varias frutas para hacer las mermeladas.Se ven con una textura buenísima.
ResponderEliminarYo estoy un poco vaga para hacerlas esta año.
He hecho leche presa y requesón copiándoos a ti y a Belén y ha quedado de cine.
Gracias por lo que nos enseñas.
Besinos.
Mi querida amiga, si mi maridín va por tu casa saldrá de ella siendo el hombre más feliz del mundo porque le encantan las mermeladas y más aún si son caseras y deliciosas como estas jeje. De verdad, querida amiga, que a ti no hay plato que se te resista ¡todo te queda fabuloso! Yo creo que el ecreto está en tus manos y en el amor que pones en todo lo que preparas. Por cierto, a ver si hay suerte y las ardillitas te dejan algo, Besicos.
ResponderEliminarMañana desayuno en tu casa....Estoy de sorteo en mi blog...te gusta el marisco????
ResponderEliminarParece-me tão bem Labidu!
ResponderEliminarAmiga, também adoro fazer compotas em casa. Não têm nada a ver com as de compra. São muito mais saborosas e baratas e saudáveis. Faço imensas vezes, a última foi de morango.
Essa de melocoton parece-me perfeita!!
Um grande beijinho amiga.
Menudas mermeladas ricas que te han quedado y qué suerte tener una amiga que te regale ciruelas!!!!
ResponderEliminarbesazos