mio madre

Mio madre nun sabía idiomes pero yera tan mimosa... dicíame que con enfotu pues algamar cualquier cosa. Mio madre nun sabía idiomes pero falaba a les freses, facía ensalada rusa y mil tortielles franceses. Mio madre nun sabía idiomes pues pisó poques escueles, ¡y facía un caldu gallego y unes coles de Bruseles...! Mio madre nun sabía idiomes, yera una madre estupenda, facía arroz a la cubana con salsa a la boloñesa. ...Primeros versos del poemario Mio madre, de Aurelio González Ovies, editado por Pintar -Pintar, abril 2010 (Edición en asturiano)

jueves, 9 de mayo de 2013

FÁCIL: NEGRITO

Delicioso y tradicional.
Mayo para nosotros viene cargado de cumpleaños, es un mes de los más dulces en casa. Y como Ana me trajo natas frescas, ricas a más no poder, preparé este negrito tan estupendo para el día de la madre. De Ana ya os hablé en su momento, es una de mis amigas del alma desde hace muchos años y, a pesar de que su trabajo no le deja mucho tiempo para poder pasar tardes enteras charlando sin que nos apetezca despedirnos, cada vez que nos encontramos nos presta mucho. Entre las recetas que Ana me regaló de su puño y letra, aparece este dulce de la mano de su prima Amparín, a quien le gustaba mucho la repostería. Por eso, quiero dedicarle la publicación de hoy, en su memoria.
Lo que desconozco es porqué se le llama `negrito´... Se hacía los domingos en muchas casas de nuestro concejo, nuestra amiga Nieves también lo preparaba a menudo y le quedaba de maravilla.
Hace años, la leche se vendía directamente desde las caserías  De pequeños no conocimos la comercializada. Recuerdo la escena: nuestro tío Luís terminaba de catar (ordeñar) algunas vacas, salía de la cuadra con el cubo lleno a rebosar e iba rellenando las lecheras enormes en el pasillo. Tenían un colador arriba, para recoger las posibles impurezas. El preciado líquido blanco (oro en bruto, entonces) desprendía un vapor caliente que aún me parece oler ... Tiempos en blanco y negro...
(No probé a prepararlo con nata comprada, pero pienso que puede quedar delicioso también, aunque nunca suplirá el rico sabor de las natas frescas de las vacas gozoniegas).

Acompañé con unas peras al Pedro Ximenez.

A ver si os gusta, queda un pastel consistente.
Os dejo un texto de A. G. Ovies, publicado en La Nueva España:



EN BLANCO Y NEGRO


Blanco y negro. Esos son los colores de mis primeros años, el tono de nuestro ayer. Todo lo que recuerdo carece de gamas alegres, por más que muchos fragmentos me reconforten y a menudo necesite descender hasta ellos para absorber su jugo agridulce. Porque el pasado es un buen veneno con el que edulcorar la toxicidad del tiempo presente. Grises, inevitablemente hemos crecido con el carácter de la ceniza, con la dermis del humo y la templanza de los meses de días cortos. Todo lo que evoco posee perfil de bruma, épocas de duelo, gesto de asfixia, tacto de penitencia:

                      

Casas muy apretadas, para vivir apenas, con olor a vinagre y a pintura de polvos, a hollín y aceite viejo. Pasillos muy estrechos, con baldosas de franjas y exiguas geometrías. Cuartos donde morían los antepasados y donde permanecía para siempre la hipocondría del agua de azahar. Habitaciones con camas de madera y rosarios colgados y polilla en las vigas. Estancias en las que perfuman el carboncillo y los retales junto a la máquina de coser y el huérfano trinchero. Retretes desnudos y fríos, con el tufillo perdurable del musgo y el orín y un clavo del que cuelgan papeles de periódico y revistas.

                                        

Hombres enfundados que trepaban los postes de la luz, con garfios en los pies y cinchos de cuero, cuando íbamos camino de la escuela, indefensos y asustadizos, como hijos de una generación traumatizada con la derrota, los guardias civiles, la escarlatina, la tuberculosis, el fin del mundo y el futuro. Abuelas que nos cruzábamos, con pañoletas mustias y lecheras de porcelana blanca. Las mismas que al regreso, entre el viento, a lo lejos, encorvadas quitaban malezas con la azada.



Tendales con estacas torcidas y ropa moribunda batiendo a media tarde. Lavaderos con el agua parada y tablas con pastillas de jabón de sebo. Vacas tirando de los carros cargados de ballico. Boñigas en todos los caminos, buracas en todos los senderos. Atajos para todos los rumbos. Escombreras en cualquier recodo. Todo en nada. Alcantarillas que atravesábamos gateando por sus tubos. Paredones con cuellos y bocas de botellas y cachos de cristales puntiagudos.



Obreros que pasaban cansados, pedaleando en sus bicicletas con dínamo y bomba, y pinzas en los bajos de los pantalones. Obreros que, al anochecer, con la colilla entre los labios y la fiambrera en una bolsa se dirigían a sus cobijos. Obreros que paraban a tomar unas pintas en Casa Arcadio y a descargar pesares hasta perder el norte y retirarse hablando solos, riñendo con sus sombras y maldiciendo el aire.



Pescaderas ambulantes con calderos y pesa y helechos en los cestos donde brillan bocartes plateados y frescos. Amas de casa, amas de la vida, amas del amor y la intendencia, con las cargas de leña descañada y el brazado de berzas. Trabajadoras de la conservera de Luanco, con abrigos que atufan a bonito y caballa y manos milagrosas y dedos acribillados por las espinas, la hojalata y el sacrificio. Obreras de la luz del día, del pan y del calor de cada noche fría y en penuria. Obreras del todo y de la nada. Obreras, matriarcas que benditas sean por los hijos de los hijos y en los siglos de los siglos.



Chigres con almanaques de mujeres en cueros y vírgenes con lágrimas y muchas perlas. Mostradores de diminutos azulejos y bordes de madera quemados por los puros. Garrafones de anís y pellejos de vino junto a montones de cajas de galletas, latas de pimentón y sacos de garbanzos. Copas con una línea roja, muy delgada, hasta donde Isabel echa el coñac. Nada. Todo. Blanco y negro.







Para el negrito, necesitamos:

  • una taza de natas frescas
  • una taza de almendra molida
  • una taza de azúcar
  • una taza de galletas molidas
  • 4 huevos
Para decorar:
  • azúcar glas
  • coco rallado
  • colorante rojo líquido
Optativo, peras al vino P. X.
  • 4 peras
  • una taza de Pedro Ximenez
  • 4 cucharadas de azúcar
Elaboración:

Las peras al vino, se preparan pelándolas en cuartos y se cuecen lentamente con el azúcar y el vino, hasta que éste, practicamente se reduzca.

Os pongo el proceso de obtener la nata. Se cuece la leche, yo la dejo hervir varias veces, así le saco toda la nata. Se deja enfriar y una vez fría, con una espumadera se recoge la nata. Se hace así al menos cuatro días para obtener una taza de natas. Es importante que se cuele bien la leche, para que no se ponga agria.
Se mezclan bien todos los ingredientes o se baten.
Se engrasa y enharina bien un molde, en este caso desmontable y se cuece en horno moderado, yo 140º, hasta que al pinchar la aguja salga limpia.  Aproximadamente una hora.
 Se deja enfriar sobre una rejilla, se desmolda, se espolvorea con azúcar glas. Decoramos a  nuestro gusto. El negrito, normalmente ni se decora, ni se cubre con glas.
Decoré con coco al que le puse una gota de colorante rojo, mezclé bien dentro de una bolsa y dejé secar de un día para otro. Con ayuda de unos cortapastas y un palillo, lo distribuí por el pastel.
Y nuestro pastel `en blanco y negro´, delicioso, aunque se debe comer poco, llena bastante.

¡¡¡Buen provecho!!!

25 comentarios:

  1. Fascinante.....y aunque crecimos en distintos paises y probablemente en diferentes epocas.....yo tambien empece a la vida con tele blanco y negro....tu descripcion me recuerda las casas de campo en Chile....pero con camas de bronce....lo demas muy parecido....y que delicia de postre.....que no daria yo por poder tomar esa leche al pie de la vaca.....una maravilla Labidu!..........Abrazotes, Marcela

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  2. Yo también tengo recuerdos de ir a la vaquería a por la leche recién ordeñada y llevarme algún "lenguetazo" que otro de las vacas, jajaja! y recuerdo la "nocilla" casera que mi madre nos hacía con la nata que soltaba la leche al cocerla..mmm!! y de los "calostros" con azúcar... qué pena no poder disfrutar de eso ahora. De todas formas me llevo tu receta porque tiene que estar buenísima. Un beso y gracias!

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  3. nada como una amiga del alma y nada como un buen dulcerio :)) un besazo

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  4. Que bien la primera.. esto de madrugar tiene sus ventajas.. Me encanta y claro llevando almendra que te voy a contar.. nunca lo he probado y parece muy fácil así que queda archivado.. con esa pinta lo haré en cuanto pueda.. lo de la leche que cuentas yo recuerdo cuando era muy pequeño que el lechero venía a casa de mis padres en Avilés, y cuando digo casa me refiero a vivienda en edificio.. que recuerdos.. mi madre hervía la leche y con la nata menudos bizcochos.. y después el carbonero.. mira que me gustaba el olor a mí de la carbonera, siempre quería bajar con mi madre.. así le salía de rica la comida en esa cocina..

    Gracias Labidú por esas recetinas, deseando ver la siguiente..

    Un beso

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  5. Los del norte debemos tener los mismos recuerdos. Yo soy de ciudad pero mi abuela tenía una hermana que vivía en un pueblo. A mi hermana y a mí nos encantaba ir a ver las vacas, como las ordeñaban y a jugar con los perros. Lo de tomarnos la leche ya era otro cantar, de niñas éramos malas comedoras.
    Hoy mi hermana sigue igual, yo he mejorado.
    Con tanta cháchara se me olvida tu negrito. Me parece un postre estupendo y hecho con mucho cariño.
    Besazos.
    Alicia.

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  6. Tiene que ser una delicia, como dices consistente y rico. Recuerdo esa leche maravillosa y esa nata que se formaba, me encantaba en pan con u poco de azúcar por encima. El texto fiel reflejo de una época. Un abrazo, Clara.

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  7. Me gusta lo del pastel en blanco y negro...
    Y si no se decora, por qué lo has hecho tu?jjajjajaj
    Te quedó precioso con esos coranzoncitos en rojo pero lo más importante, el aspecto tan bueno que tiene el corte.
    Besazos.

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  8. M.J. Ayyy,como me recuerda lo de las natas a mi niñez ,que tiempos ,ahora parece imposible ,aunque seguramente tu aun consigas algunas y es un lujo poder preparar un postre con ellas ,como este negrito que debe estar espectacular
    besinos guapa

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  9. .Que buenas las natas caseras ,con ellas ganan mucho todos los postres.,y este negrito (,aunque yo lo veo blanquito ) ,seguro que está muy rico.
    Yo estoy haciendo una torta de griñispos(chicharrones) me los regalaron y me puse con ella ,se hacia mucho en mi casa cuando era pequeña.besinos

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  10. Ayyyy preciosa, me has trasportado a mi infancia. En mi casa siempre han vendido leche, toda la vida. Y por un instante he vuelto atras en el tiempo. El colador, las lecheras........las natas, las mantecas, los quesos y cuajadas y los ricos postres que se hacían con esas natas.
    Este no lo conocía, pero creo que podría afirmar que tiene que ser una maravilla.
    Fue una infancia feliz, sin carencias pero sin abundancias y puedo decir que soy lo que soy gracias a una ganadería, que hoy en día no daría ni para comer en una casa.
    Besinos, buen finde y muchas gracias por recordarme de donde vengo.

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  11. De pequeña en casa tampoco usábamos leche comercializada, aunque en nuestro caso era de cabra, del ganado que tenía mi padre. Aún recuerdo tomarla con ese calorcito recién ordeñada.
    El dulce "negrito" desde luego que tiene que estar delicioso y acompañado de esas peras mucho mejor
    Besitos

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  12. Querida,
    um doce Maio! E que belo docinho para o dia da mãe.
    Adorei o aspecto, não conheço o Negrito mas deve ser delicioso a avaliar os ingredientes que leva.
    Um pecado doce :)
    Beijinhos.

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  13. Hola Labidú.

    Afortunada tú que siempre cuentas con productos tan naturales y de tan alta calidad, esas natas tienen que darle un sabor muy especial. Yo tengo el recuerdo de la lechera que repartía siempre por las casas, te la vendía por litros y se hervía en la hervidora, las natas eras fabulosas y mi madre siempre las aprovechaba para la repostería y sabía a gloria. Como debe saber este negrito. Te quedó con una pinta fantástica. Un postre tradicional que has recuperado, como tantos otros, y los has elevado a la categoría de delicia. Buenísimo.

    Un saludo.

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  14. Que buena, que recuerdos ver como recoges las natas , en mi casa antes tambien se hacia asi. Me gusta pero que se puede utilizar manteca o nata, para que salga rico, preciosa presentacion , besos

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  15. Tiene una pinta buenísima y lástima yo no tener esos recuerdos que de verdad que me encantaría.

    besos guapa

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  16. Que maravilla querida amiga. Últimamente quedo enamorado con los escritos literarios. Es curioso como los recuerdos de una época pasada parecen ser idénticos en la memoria de todos los que vivimos esa época aunque nos separasen miles de Kilómetros. También yo tengo esos recuerdos en blanco y negro, de las copas con una línea que marcaban hasta donde debían ser llenadas en la taberna del pueblo, o de las mujeres que volvían a casa tras el duro trabajo...En fin, ya sabes que yo soy muy nostálgica y adoro recordar esos tiempos no porque piense que, necesariamente, fueran mejores pero si porque me recuerdan a una infancia feliz y maravillosa. En cuanto al negrito, como todo lo que tu preparas, me parece un bocado delicioso y más contando con esos productos tan naturales como los que tu tienes la suerte de poder usar siempre. Miles de besicos queridísima amiga.

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  17. Dios mío, pero quién dijo que mi postre preferido eran "tus marañuelas". Quiero probar los negritooooooosss.. es más, me pido para mi próximo "cumpledeseos" (el cumpleaños está lejos) un millón de negritos... Gracias por tus días dulces, guapa!!!

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    1. Jeje, ya te pillé la indirecta. Probarás los negritos, palabra. Besinos.

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  18. delicioso postre, la nata natural no tiene igual, el sabor por muy natural que la vendan, ni se le parece a la que se recogía cada hervido, incluso dejando reposar la leche recién ordeñada hasta que estuviera bien fría, descubrías en la superficie una materia grasa que era la nata tal cual, sin hervir. mi abuela tenia un paño fino de lino con el que colaba la nata para que no quedaran restos de leche, recuerdo que la iba metiendo en un bote de cristal y lo tapaba enseguida para que no entrara demasiado aire y para que no crease costra endurecida. gracias amiga mía por todo, compartir recetas, esos versos que valen su peso en oro y tu sapiencia.

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  19. Siempre me fascina venir a verte, porque no solo me llevo una ricura en la mirada, sino una lectura fascinante que para mi, se agradece y mucho!

    Un beso grande.

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  20. Hay Labidu que recuerdos me transportan a la niñez en casa de mi abuela, me recuerda todo lo que cuentas cuando estaba alli con ella.... esos olores y esos sabores ....y la nata, la cuajada que alli sabia a gloria y nunca mas la he probado tan rica y hasta hacer manteca en una mazadora no se si se llama aqui igual mi abueLa era del Valle del Huerna aunque mis padres vivian en Valliniello que al fin y al cabo tambien es un pueblo bueno que cada vez que vengo me encanta por que me haces recordar cosas muy importantes en mi vida los negritos fantasticos riquisimos y las fotos me encantan
    !!!!un besin !!!!
    el toque de belen

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  21. Como siempre, nos dejas una receta de lujo. Hace poco recordé los negritos, que desde mi niñez, no he vuelto a ver, ni sabía cómo se preparaban. ¿Son unos pasteles muy compactos? Por el nombre y el aspecto, supongo que sí. Los que yo recuerdo, siempre estaban espolvoreados con coco por encima, y supongo que su nombre venía de su color:¡muy negros!
    Conseguir natas caseras hoy en día, es un privilegio. Un bien escaso, que pocas afortunadas pueden disfrutar, de modo que me supongo la ilusión que te habrán hecho.
    La infancia en blanco y negro que nos ha tocado vivir, para mi ha sido una época absolutamente feliz, que al leer a A.B.Ovies, me ha hecho identificarme y recuperar por unos minutos, aquellos paisajes, olores y sabores que la añoranza me hacen verlos como idílicos. El hollín y el ambiente de la cocina de carbón, y cómo mi madre con un largo gancho, inundaba de vez en cuando la cocina de humo, ceniza y hollines buscándole el tiro a la condenada cocina. Pasillos largos y estrechos, que comunicaban aquellas habitaciones con sus camas torneadas de madera, con sus colchones de lana que en primavera tocaba varear al sol, y coser con aquellas enormes agujas que atravesaban el colchón, para colocarles sus lazos. Los tendales, con la ropa secando al sol, y las voces de mamá a última hora de la tarde, llamándote para que la ayudaras a doblar las sábanas con olor al Chimbo. Los guardias civiles, con capa verde y tricornio brillante y negro, que por las historias oídas a padres y abuelos, atemorizaban, y los chigres, a donde mamá o papá te mandaban a comprar una botella de vino, y te la rellenaban de aquellos enormes pellejos. Chigres que olían a hígado encebollado y carne guisada, a serrín mojado al escanciar la sidra y a humo de puros o Celtas que quemaban las orillas de las mesas de madera y la barra del chigre... Si también yo viví una época en blanco y negro, que recuerdo feliz porque me sentía absolutamente libre. La carga, la llevaban los adultos, que hoy se me antoja que debió de ser muy pesada :-( Como siempre, Mº Jesús, es un gusto disfrutar de estas recetas :-)

    Un besín.

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  22. Querida Nieves, entre Aurelio y tú componéis un paisaje evocador de recuerdos. Eres una gran narradora y haces, al igual que él, que se llenen de imágenes vuestras palabras. Gracias amiga, un pasado común.
    En cuanto al negrito, me parece que no es el mismo. Pienso que te refieres a `los negritos´ que los tengo publicados aquí:http://conlaluzdemicocina.blogspot.com.es/search?q=negritos , por si te interesa. No tengo ni idea porqué se llama negrito este dulce con natas caseras, pero la receta me llega de diferentes fuentes y siempre se llama así, ¿...?
    Besinos.

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  23. Yo quisiera estar a tu lado y probar esta delicia, con tu narración me parece estar saboreándolo...
    Gracias por tus palabras, exactamente, en la foto estamos mi madre, mis hijas y yo.

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